Diminutos duendes deambulaban domando doncellas, danzando distraídos, después de divagar deseaban dormir durante décadas detestando despertar.
Divertidas doncellas demandaban destellos, divinas deslumbraban durante días desastrosos, detonaban dolores de dioses disfrutando dramáticamente.
Desteñidos dioses descubrían diversión desesperando demonios desdichados, dividían diamantes de donantes delirantes, dominados, descoloridos, de dimensiones distintas.
Débiles demonios delataban desaparecidos dinosaurios, durmientes difamados desde dominaciones distantes desde desnudos dilemas.
Desplazados dinosaurios divulgaban dulces demencias de duendes diminutos. Dudaban de deliciosas doncellas domadas durante dictaduras. Discutían de dioses descalzos después de desbocadas diversiones. Dignos despedían demonios domesticados después de diluvios desencarnados, de dinamitas detonadas, de dolores dejados.